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IA y Coaching: cuando el factor humano no puede ser sustituido

coaching para empresas

Estamos acostumbrados a que nos digan qué ha cambiado y qué seguirá cambiando en el ámbito profesional tras la irrupción de la IA.

En este artículo abordo qué no puede cambiar la IA: algunas intervenciones y cualidades del factor humano, que son imprescindibles para el desarrollo profesional y personal. Me refiero en concreto a la intervención del coach con su cliente, en el acompañamiento a la adquisición de habilidades clave (o soft skills) y a la gestión emocional.

Partimos de que la IA funciona mediante la probabilidad y la estadística. Divide preguntas en tokens y predice qué información se sucede después de cada token, según lo que la probabilidad y la estadística determina que es la mejor respuesta. No niego la utilidad de la IA en la automatización de tareas y procesos y para el progreso en distintos ámbitos.

Lo que sí afirmo es que algunos aspectos y cualidades del ser humano no se pueden sustituir por la IA, y eso ocurre en el contexto del coaching individual y de equipos. En coaching, el coach comienza por generar un clima de confianza con su cliente. Utiliza su intuición (limitada por el método de coaching), basada en lo que va escuchando. La escucha en coaching es activa y empática. Además, escuchamos no solo las palabras que pronuncia nuestro cliente, sino cómo las expresa (entonación, postura corporal, mirada, gestos, pausas, silencios), lo cual es fundamental para poder acompañar al cliente a lograr su objetivo, porque así indagamos sobre el mundo interior de la persona y lo que subyace y no ha aflorado del equipo profesional. En el caso de equipos, observamos y escuchamos lo que no se dice expresamente al atender a las miradas, a lo que manifiesta con el cuerpo o con los silencios, al tono y velocidad de las conversaciones, a los conflictos no abordados y al estado de madurez del equipo, entre otros aspectos.

Otro aspecto fundamental en coaching es detectar la emoción del cliente, tanto si es una persona como un equipo. El cliente no suele saber qué información tiene que aportar al interlocutor cuando necesita detectar y gestionar sus emociones, por lo que difícilmente puede introducir datos, palabras o preguntas en su chatbot de IA. Éste puede generar preguntas comunes que se formulan en coaching, pero no la pregunta específica que el cliente necesita en ese preciso momento, en función de su emoción, su actitud, su capacidad para responderla y la confianza que se haya generado. Es en esos segundos cuando el coach decide qué preguntar, si conviene estar en silencio (el silencio es muy productivo), o si es mejor comunicarse con su cliente mediante el cuerpo y la emoción. Son segundos muy fértiles y en los que el coach está plenamente concentrado en su cliente, sin que exista nada más, y sin que se interponga ningún juicio ni ninguna predicción. El coach no puede preparar ningún guion ni ninguna intervención en una sesión de coaching, porque va interviniendo en función de lo que va manifestando su cliente en ese preciso momento. Cada persona y cada equipo son únicos, y por tanto poseen una identidad, una emoción y un comportamiento únicos, que, en mi opinión, la IA aún no puede captar al completo en esos segundos que son claves en la comunicación con el coach.

Por último, el calor humano, la vocación de servicio con criterio y la presencia que ofrece un coach a su al profesional o al equipo con el que trabaja, no puede ser sustituido por la IA.

Usemos la IA para lo que verdaderamente es de utilidad al ser humano, y confiemos en el ser humano para lo demás. Solo así avanzaremos y no habrá pérdidas, sino sumas de recursos y progreso para la Humanidad.